jueves, 5 de agosto de 2010

Bernhard Häring.


"Dios me ha bendecido, he trabajado mucho e intensamente, y ahora me queda sólo esperar a la hermana muerte".

En estos términos, que brotaban de lo profundo de su corazón y que repetía insistentemente en sus cartas durante los últimos meses de vida, se expresaba el P. Bernhard Häring, CSsR. Con humildad recibió a la hermana muerte el 3 de julio de 1998, en la Comunidad Redentorista de Gars am Inn (Alemania). Tenía 85 años.


El Padre Bernhard Häring, uno de los más egregios fundadores de la Academia Alfonsiana, es considerado por muchos como el mayor teólogo moralista católico del siglo XX. La contribución del Padre Häring en el campo de la teología moral ha sido extraordinaria. Escribió 104 libros, de los que se han hecho trescientas traducciones. Publicó unos 1000 artículos en diversos idiomas. Le llovieron honores y premios de parte de las más prestigiosas asociaciones, como el "National Catholic Book Award" de la Catholic Press Association, el premio "Wlodzimierz Pieterzak" de Polonia. Su nombre fue incluido en el Who’s Who en América y en el resto del mundo. Es citado en el Diccionario de Bibliografía Internacional y por el Who’s Who Internacional de autores y escritores. Fue Profesor y dio conferencias en prestigiosas universidades y centros de estudio, como Fordham, Yale, Brown, Temple, San Francisco, el Kennedy Institute for Bio-ethics-de la Georgetown University etcétera.

El Padre Bernhard Häring nació el 10 de noviembre de 1912 en Böttingen (Alemania). Sus padres fueron Johannes y Franziska Häring, que vieron su hogar bendecido por la presencia de 12 hijos. El joven Bernhard, al igual que los demás hermanos, tuvieron ocasión de experimentar la belleza del espíritu y amor de una numerosa familia. Tres de sus hermanas se hicieron religiosas. Una de las aficiones del joven Bernhard fue la de combinar el estudio con el montar a caballo. Pero en medio de esta aparente normalidad, iba creciendo en el alma de Bernhard la llama de ideales más altos. J. Gadous cuenta que el día de su primera comunión dijo en forma resolutiva: "quiero hacerme santo". Su hermana, cogiéndolo por la palabra, le contestó: "bien, y ¿por qué no?". Esta resolución le animaría durante toda la vida a luchar por llegar a ser la persona que Dios deseaba que fuera.

A los 12 años, Bernhard entró en el seminario Redentorista de Gars-am-Inn, descollando muy pronto entre los primeros de la clase. Inició el Noviciado con los Redentoristas en 1933. Seis años más tarde, terminados sus estudios de Filosofía y Teología, fue ordenado sacerdote. El Padre Bernhard Häring había hecho su profesión religiosa con la ilusión de ser misionero. Por eso sintió una gran alegría cuando, al terminar sus estudios, pudo por fin aprestarse a preparar las maletas camino de las misiones del Brasil. Pero los Superiores orientaron su rumbo en otra dirección: su destino era ahora el estudio de la Teología Moral. Fue éste un momento difícil para el Padre Bernhard Häring, pero fue también un momento de gracia. Así lo entendió nuestro protagonista, a quien veremos desde ese instante volcado en cuerpo y alma en la gran empresa del estudio de la Moral.

Sus estudios de especialización teológica, apenas iniciados, fueron bruscamente interrumpidos por la guerra mundial. Terminada la guerra, recibió el doctorado en Teología en la Universidad de Tübingen en 1947. De ahí pasaría, como Profesor, al Seminario Mayor Redentorista de Gars-am-Inn, donde permaneció en su cargo hasta 1949, año en el que fue llamado a Roma para ayudar a hacer despuntar y crecer su querida Academia Alfonsiana, de la que sería uno de sus más grandes y prestigiosos Profesores. Al Padre Bernhard Häring debe la Academia el haber logrado ir aglutinando un cuerpo profesoral altamente cualificado y de rango universal.

En 1954 Bernhard Häring publicó su primera gran obra de Teología Moral: La ley de Cristo. Lo que esta obra significó para la evolución de los estudios de la moral lo explica de forma concisa su discípulo en la Academia y gran teólogo moralista, Charles Curran: En esta obra, Bernard Häring "propuso una teología moral bíblica, litúrgica, cristológica, profundamente anclada en la realidad de la vida cuotidiana.

Introdujo un nuevo método en la teología moral, situado en el polo opuesto al método manualista, cuyo interés estaba prácticamente limitado a la preparación de confesores que administrasen el sacramento de la penitencia, para lo que había que enseñarles ante todo a distinguir y cuantificar los pecados".

"La Teología Moral de Häring, en cambio, -continúa diciendo Curran- está fundada en la doctrina de la alianza de Dios con la humanidad, en la buena noticia del don del amor de Dios para con nosotros, y en nuestra respuesta responsable. El cristiano está llamado al crecimiento y a la conversión continua de su vida moral en sus múltiples relaciones con Dios, con el prójimo, con el mundo y consigo mismo. Häring se opone firmemente a todo tipo de legalismo que hace de Dios un controlador en vez de un salvador lleno de misericordia". La Ley de Cristo ha sido traducida a 14 idiomas. Esta obra ha representado sin duda alguna una de las aportaciones más grandes de Häring al desarrollo de la teología moral, y la que ha contribuido en modo decisivo a hacer de él uno de los moralistas más influyentes de nuestro siglo.

El Padre Bernhard Häring fue designado por el Papa Juan XXIII miembro de la Comisión preparatoria del Concilio Vaticano II. Su colaboración en los trabajos del Concilio se plasmaron de forma particular en la elaboración de la Constitución Gaudium et Spes. Fue secretario del comité editorial que trabajó en su preparación, y su influjo fue tal que el Cardenal Presidente de la Comisión no dudó en calificar al Padre Häring como "cuasi-padre de la Gaudium et Spes" En el primer año de su pontificado, Paulo VI le encomendó la predicación de los ejercicios espirituales al Papa y a la Curia Romana.

En 1978 el P. Bernhard Häring publicó su segunda grande obra Libertad y fidelidad en Cristo. En ella pretende el autor integrar los avances de la ciencia moral, debidos sobre todo al gran acontecimiento del Concilio Vaticano II. En ella se propone la necesidad de introducir en la moral un modelo de tipo interrelacional que dé por superado el modelo legalista.

La oposición del Padre Häring a toda clase de legalismo y rigorismo alcanzaría incluso a algunos pronunciamientos oficiales de la Iglesia, que él consideraba demasiado intransigentes. Particularmente crítica fue su actitud frente al rechazo de los métodos de control artificial de los nacimientos, tal como viene formulado en la encíclica Humanae Vitae. Esta actitud le costaría no pocos sufrimientos y amarguras, sobre todo, cuando -en la década de los ’70- la Congregación para la Doctrina de la Fe le sometió a un proceso investigativo. El Padre Häring respondió con sencillez: "He recibido muchas más bendiciones que sufrimientos de manos de ciertos teólogos por los que ahora ruego constantemente".

En 1979 le fue diagnosticado cáncer de garganta. Durante esta grande y larga prueba el Padre Bernhard Häring nunca perdió su espíritu de entrega y de trabajo. Tras una serie de operaciones quirúrgicas, tuvo que resignarse a la pérdida de la laringe, con las lógicas consecuencias para su capacidad de expresión oral. ¡El, que había trabajado siempre como profesor y conferenciante, se encontraba ahora con esta tremenda limitación! Pero todo lo supo afrontar con la fortaleza de ánimo que nace de la fe en Dios.

El Padre Häring ha sido sin duda una figura extraordinaria, de rango universal, grande teólogo, conferenciante, director espiritual, promotor de la reforma de la Iglesia. Pero su figura tiene relieve especial para los Redentoristas y para la Familia de la Academia Alfonsiana. Los Profesores, que fueron sus compañeros en la docencia, le recuerdan con afecto y estima. Con no menor admiración y estima le recuerdan también los millares de personas que estudiaron bajo su dirección, escucharon sus conferencias o partiparon en los ejercicios espirituales por él dirigidos. Todos le recuerdan como un verdadero hombre de Dios, como un Redentorista convencido. Un cohermano Redentorista expresaba así la impresión que le causaba el contacto con el Padre Häring: "Siempre que hablaba con él tenía la sensación de encontrarme con un querido abuelito, lleno de sabiduría y de experiencia, quedando impresionado por su humildad y ternura, por su espíritu de oración y por su santidad".

Se jubiló como profesor de la Academia en 1987, tras 38 años de servicio, vividos con intensidad y con amor. Su figura, sin embargo, siguió siempre ligada a la Academia, como continuará a estarlo tras su muerte. El ideal de su vida no fue otro que el de San Alfonso: formar formadores, capaces de transmitir a los demás, junto con la ciencia, el espíritu de libertad y de amor. Estas son precisamente las notas que la Academia ha puesto en el centro de su preocupación educativa y que pretende llevar hasta el extremo del mundo.

A dar su última despedida a nuestro gran Profesor en Gars-am-Inn, junto a los numerosísimos cohermanos y amigos, estuvieron presentes en representación de la Academia, el Reverendísimo Padre Joseph W. Tobin, CSsR, Moderador General de la Academia y Superior General de los Redentoristas, y el Padre Bruno Hidber, Presidente de la Academia. Era el 7 de julio de 1998.

A todos cuantos conocieron al Padre Häring y particularmente a cuantos recibieron de él la luz de su ciencia o la ayuda de sus consejos pedimos una plegaria ante el Señor. Que él desde el cielo nos ayude a continuar sin cansancio la obra a la que él consagró su vida.

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